El tocacorazones siempre
viene y va por la misma avenida <<¡mírenlo
ahí viene otra vez!>> grita la gente desconsoladamente cuando
lo ven acercarse, algunos corren despavoridos y se esconden apretando
las palmas de sus manos contra sus oidos, otros; los más atrevidos e
incluso los enamorados le abren paso y escuchan atentos al órgano
vibrante que lleva entre sus manos.
El tocacorazones no
habla, solo toca, desgarra e interpreta la misma tonada incansable
una y otra vez... una y otra vez, incansable e hipnótica, mágica. A
ritmo de diástole, descomponiendo el sístole a contrapuntos,
melodías dulces, añejas y de nostalgias de domingo; devora los
oídos de sus oyentes, los emboca y los atrapa casi hasta el
miocardio, les atonta y embelesa, les endulza y alimenta, les engaña
como buen ventrílocuo de pasiones y de amores que es.
El corazón, el órgano
que lleva entre las manos parece un instrumento delicado para lo
peligroso que resulta ser. Es de un rojo desteñido que se enciende
cuando toca las notas más graves y se pone de un morado pálido
cuando alcanza la última nota aguda y fastidiosa. Tiene una octava y
teclas contrapesadas de marfil y turmalina. Siempre toca en Si menor.
Pero el tocacorazones no
se queda, el viene y va, una y otra vez por la misma avenida. Errante
y dispuesto. Por eso, tengan cuidado con lo que escuchan por ahí
fuera, no vaya a ser que el El tocacorazones, le haya tocado el oído
al corazón.





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